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SPINOZA Y LOS TRES ÓRDENES DE LA SUBVERSIÓN MORAL
Fabián Allegro
¡Maldito
sea de día y maldito seas de noche!.
Maldito sea cuando duerme y maldito sea al levantarse!.
¡Maldito sea al salir de su casa y también al entrar en ella!. ¡Que el señor no le conceda jamás
el perdón! ¡Que el señor descargue de ahora en adelante
toda la ira en este hombre! ¡Que le colme todas las maldiciones que
están escritas en el libro de la Ley! El señor aniquilara su
nombre bajo el firmamento y lo apartará para su propio perjuicio.
Condena de Baruch de Spinoza por parte de la Sinagoga de Ámsterdam.
Llama la atención la
aproximación peligrosa que postula Klossowski
entre Sade y Spinoza. Klossowski se refiere a Spinoza
en virtud de cierta concepción que hace de la naturaleza spinozista, una naturaleza destructiva de sus
propias obras, donde la trasgresión no se orienta hacia
si misma en un goce determinado, sino que la acción de la naturaleza
aspira a recuperar su potencia mas activa aun en su propia acción
destructiva. Quien quisiera hacer un estudio sobre Spinoza,
no dispondría de fuentes verídicas, porque o bien no son
fidedignas o bien contienen muy poca información. Sin embargo,
así como afirma Deleuze, es un hecho
curioso que un filósofo acabe con un proceso, pero más
extraño es que empiece con una excomunión y un intento de
asesinato. El estudiante preferido de la Escuela
de rabinos de Ámsterdam había descubierto una serie de
contradicciones en sus estudios que resultaban a todas luces intolerables
para los representantes de la fe judía. Es sabido que Spinoza, no sólo fue expulsado de la Sinagoga de
Ámsterdam acusándolo de epicureismo, sino que también
fue excomulgado aplicándole el llamado: Schammantha.
Su obra fue silenciada durante dos siglos.
Es probable que el
mercantilismo holandés del siglo XVII al experimentar una tendencia
hacia un porvenir de antagonismos, lo haya salvado de la hoguera a
diferencia de otros innovadores revolucionarios que tuvieron ese destino.
Pero aun cuando se infiere el
motivo de su exclusión,
algo lleva a Spinoza a abandonar todo: su
herencia, su reputación, su éxito social. Despliega un
incondicional hermetismo en un extraño ostracismo, se puede decir,
casi en una práctica de absoluto ascetismo.
Se podría comenzar a
estudiar su obra por el punto culminante de la misma. Spinoza
escribe una obra, en la que se despliega con un perfecto método, una
lógica, una geometría, recorrido de concepto, un sistema, una
ontología. Llama Ética a esa obra y en la misma, Dios aparece
desde la primera hasta la última página.
El primer interrogante con
el que uno se enfrenta es: ¿Cómo alguien que nombra a Dios en
todo momento puede ser acusado de ateismo? ¿A que se refiere con
Dios? Un ser absolutamente infinito cuya esencia envuelve su
existencia, Deus sive
natura, pero también Deus sive causa, o más enigmáticamente un
Dios que (en...la Naturaleza) no
obra con un fin; ese ser eterno e infinito que se llama Dios
, obra con la misma necesidad que existe, y la misma necesidad de la
Naturaleza porque existe es, según lo que hemos dicho, por la que
obra. Por lo tanto la razón o causa de que Dios (o la Naturaleza) exista
y obre es una y siempre la
misma. No existiendo fin alguno, no obra tampoco con
ningún fin ( Ética., Prefacio, Parte 4)
Dispuesto a cuestionar
todo, comienza por desbaratar lo ya erigido, el artificio de dominio de la
religión comienza a ser cuestionado. Así dirá: "Quien ama a Dios no puede esforzarse
a que Dios lo ame a él”. Se desvanece, entonces, la
esperanza cifrada por el vulgo en una trascendencia de su acción. Pero su actitud frente al
vulgo no es peyorativa: el vulgo, no es la multitud y su implicancia
política, el vulgo no hace tanto al individuo sino al efecto que
recae en las afecciones propias de los efectos de identificación a la masa. De allí
también que la misma critica provocativa, la dirija en
relación a la moral que se funda en un principio rector que
se anuda a un fin universal.
Pero si algo
inquieta en la Ética de Spinoza, es que no
se encuentra esta secuencia. Por la misma
razón de que desde la pura inmanencia no se concluye una causa final, la
práctica no debe tampoco concluir en ninguna esperanza trascendente.
Esto puede llamarse fatalismo pero también afirmación.
Pero
habiendo señalado esta primera subversión de la moral
tradicional, las consecuencias no dejan de revelarse. La caída
del precepto rector del miedo y
la esperanza constituyen
un poderoso ataque no solo frente a los gobiernos del absolutismo
monárquico sino a la doctrina misma de la religión.
Una segunda subversión se constituye
bajo la doctrina del paralelismo entre el alma y el cuerpo. El alma
no opera con una suerte de privilegio sobre el cuerpo, como lo
sostendría la doctrina de la religión y aún el
cartesianismo. El alma no asume ningún privilegio sobre el cuerpo,
sin que por eso se deba constituir una relación de dominio
inverso. La prevención
no consiste en vedar toda primacía de uno sobre el otro, sino
también en negar cualquier relación de causalidad real entre
el espíritu y el cuerpo. En la Ética se lee: ...el
alma y el cuerpo, son un solo y mismo individuo que se concibe tan pronto
bajo el atributo del pensamiento como bajo de la extensión
(Ética. Esc. Prop.
XXI Part.2).
Así se dirige a los filósofos
para alertarlos y al mismo tiempo desnudar la deuda cartesiana con la
escolástica: -¡No sabemos qué puede un cuerpo!
Las partes del cuerpo se afectan mutuamente
en relaciones de composición y de descomposición de acuerdo a
leyes del movimiento y del reposo. Pero sabemos, también nos dice Spinoza,
que la conciencia siempre es engañosa porque no nos permite conocer
más que los efectos de lo que subyace a nivel de las causas y sus
afecciones.
Una tercera subversión en relación a la moral -lo cual
significa una rectificación en relación a la misma- consiste
en subordinar la Ética a la economía de las afecciones. Cada
cosa en cuanto a que es en si, se esfuerza en perseverar en su ser (Conatus). Este es uno de los postulados de la Ética. En
virtud del paralelismo, esto es así tanto para los modos existentes
de la extensión, como para el registro de las ideas del pensamiento.
Spinoza dice que para el hombre, uno de los
nombres de este esfuerzo es el deseo cosa que por otro lado acentúa
la particularidad del deseo como la esencia de cada hombre. En esto radica
su potencia. Por lo tanto la esencia del hombre es el deseo. Lacan
señala la importancia de la Ética de Spinoza
al poner en el centro de la misma la cuestión del Deseo sin que esto
deba ser leído freudianamente.
El deseo, para Spinoza es el apetito del cuerpo (y la voluntad del
alma) con conciencia. Pero la conciencia en tanto engañosa, nada
aporta al concepto del deseo, por lo cual no es rectora de ninguna
valoración en relación al mismo. Así, un matiz
inquietante se vislumbra en el obra de Spinoza,
la misma sospecha que inunda al racionalismo en su totalidad aquella
según el mal sería una nada.
El interrogante no habrá de surgir desde ningún
filósofo, sino de un comerciante de granos aficionado a la
filosofía llamado Blyenbergh. La pregunta,
en sentido amplia, está dirigida a los cartesianos en general y
estaría enunciada de la siguioente manera:
-¿Cómo Dios puede ser causa de las voluntades malas -como por
ejemplo la voluntad de Adán de comer el fruto prohibido- y en todo
caso cual ser el estatuto del mal?
Las respuestas de Spinoza no se hace esperar pero lejos de apaciguarlo, lo
intranquilizan. La voluntad de Adán de comer el fruto prohibido
considerada solo en si, “se refiere a tanta
perfección cuanta realidad expresa”, dice Spinoza. En si y no comparada con otras cosas
más perfectas no se podría “descubrir ninguna
imperfección”.
Spinoza concluye: Por tanto, dado que la voluntad o la decisión de
Adán, considerada en si, no era mala, ni, para hablar con propiedad,
contraria a la voluntad de Dios, se sigue que Dios puede, antes bien, debe
ser, por la razón que Ud. observa, su causa; pero no en cuanto fue mala, pues el
mal que había en ello no lleva más que la privación de
un estado que Adán debía perder a causa de esa acción.
Y cierto es que la privación no es algo positivo y se llama
así con respecto a nuestro entendimiento, pero no con respecto al de Dios.
Que Adán haya
comido del fruto prohibido no implica que Adán haya desobedecido, ya
que no debe creerse que Dios haya prohibido algo; sólo le ha
revelado que ese fruto era capaz de descomponer las relaciones de su
cuerpo: «Es así que sabemos por luz natural, que un
veneno da la muerte».
Una acción no es de por sí buena o mala, sino en el
orden de las relaciones en relación a la economía de las
potencia de actuar o pensar. Por lo cual no se puede decir que una composición de relaciones
cualquiera sea un mal: toda composición de relaciones es buena,
desde el punto de vista de las relaciones que se componen.
Cuando un veneno descompone un cuerpo en razón de las leyes
naturales, determina que las partes de mi cuerpo, al contacto con el
veneno, compongan otra relación con otro cuerpo, la del cuerpo
tóxico para componer otra relación. Nada es un mal
aquí desde el punto de vista de la Naturaleza.
Dice en una carta a Blyenbergh: Afirmo,
pues, en primer lugar, que Dios es absoluta y realmente causa de todo
lo que tiene esencia, sea ello lo que sea. Ahora bien, si usted pudiera
demostrarme que el mal, el error, los crímenes, etcétera, son
algo que expresa esencia, yo le admitiría enteramente que Dios es la
causa de los crímenes, del mal, del error, etcétera. Me
parece que he demostrado suficientemente que lo que constituye la forma del
mal, del error, del crimen, no consiste en algo que expresa esencia; y que,
por tanto, no se puede decir que Dios sea su causa. El matricidio de
Nerón, por ejemplo....En efecto, Orestes hizo la misma acción
externa y tuvo la misma intención de asesinar a su madre y, sin
embargo, no es acusado, al menos como Nerón. ¿Cuál
fue, pues, el crimen de Nerón? No otro sino que con su acción
mostró que era ingrato, cruel y desobediente. Pero es cierto que
nada de todo esto expresa alguna esencia y, por tanto, tampoco ha sido Dios
causa de ello, aunque haya sido causa del acto y de la intención de
Nerón.
Un crimen no expresa
esencia alguna, ni siquiera la de Nerón. La acción de
Nerón es reprochable y no la de Orestes sólo en ocasión de
las relaciones que se han establecido. Toda
acción es una virtud que se concibe en correspondencia a las
relaciones que promueve, las
acciones malas no se diferencian en su esencia de las buenas. La
acción de por si conlleva una relación que va más
allá del bien y del mal
Si una acción se manifiesta a través de la
destrucción de su cuerpo o
destruye la relación que define a otro cuerpo, sólo
subraya la incompatibilidad de la relación entre dos cuerpos, pero
nada expresa de una esencia. En la Naturaleza siempre hay relaciones que se
descomponen mientras otras son compuestas. Es sólo en este orden, el
de las potencias de obrar o pensar o en la capacidad de ser afectado, que
radica el índice en el que concluye el tenor de la virtud.
Así responde finalmente a Blyenbergh:
“...si con la naturaleza de alguien concordase mejor que se
ahorcara, ¿podrían existir razones para que no se ahorcara?
Pero admitamos que es posible que exista tal naturaleza. En tal caso,
afirmo (admita yo o no el libre albedrío), que si alguien ve que
puede vivir más cómodamente en la horca que sentado a su
mesa, obraría muy neciamente si no se ahorcase. Y aquel que viese
claramente que podría gozar realmente de una vida o de una esencia
mejor y más perfecta perpetrando crímenes que siguiendo la
virtud, también éste sería necio si no lo hiciese.
Pues, respecto a una naturaleza humana tan pervertida, los
crímenes serían virtudes.”
En tal perversión de la naturaleza
humana, la aproximación a Sade a la que
hace referencia Klossowski, parecería pertinente.
Pero Spinoza
reserva un solo nombre para lo malo: la tristeza. “Llamamos lo malo lo que es causa tristeza, es
decir, lo que disminuye nuestra potencia de obrar”. (Ética.
Dem. Prop.XXX., Part
.4)
Desde el centro de las afecciones (affectus
), ya sean acciones o pasiones, la cobardía, el odio, la
cólera, la melancolía, la burla, el temor, la
desesperación, la indignación, la envidia, la humildad, el
arrepentimiento, la vergüenza, el pesar, etc., son otros nombres de
las pasiones tristes.
Si la tristeza es el nombre del mal, la
alegría de Spinoza se acerca a la embriaguez. Spinoza un hombre embriagado por su
idea de Dios. Pero he
aquí que eso que Spinoza va a llamar Dios,
en el libro primero de la "Ética", va a ser la cosa
más extraña. Por eso su audacia radica, no en atreverse a la
búsqueda de su encuentro, sino irónicamente, quizás,
en su propio engendramiento.
Bibliografía
Spinoza, B., Ética, 1982, Editorial
Aguilar, Buenos Aires.
Spinoza, Tratado teológico político.
Fischer, K. Vida de Spinoza,
Universidad Autónoma Metropolitana.
Spinoza, B. Correspondencia, Alianza Editorial.
Deleuze, G. Spinoza, Filosofía
Práctica. Tusquet Editores, Barcelona.
Deleuze G. Spinoza
y el problema de la expresión.
Negri A. La anomalía salvaje.
Negri A. Spinoza
subversivo.
Bodei, R. La geometría de las pasiones.
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