Eutanasia: Un tema
social
Como es de público
conocimiento, Holanda legalizó la
eutanasia y se convirtió así en el primer país del mundo en autorizar
oficialmente, bajo ciertas normas muy estrictas la controvertida práctica
médica.
En un sentido práctico se
reconocen dos formas esenciales:
a)
Eutanasia pasiva (“dejar
morir”), solicitada por el paciente en plenitud de su capacidad mental o por
familiares responsables. Se refiere a evitar el encarnizamiento terapéutico para
prolongar una vida definitivamente comprometida y sostenida solo en función de medios
artificiales para el caso de pacientes en estado vegetativo permanente (“coma
irreversible”).
b)
Eutanasia activa:
procedimiento médico para privar de
la vida a una persona seriamente enferma y sufriendo dolores que no ceden a los
tratamientos ya denominados heroicos.
Muchas veces considerar a un acto como moralmente aceptable no implica que la ley deba permitirlo. En ese tono, la idea de que la eutanasia este justificada moralmente cuando el dolor y el sufrimiento incontrolables originen que un ser humano pida la muerte, es compatible con el hecho de que la eutanasia activa este prohibida legalmente, por que de esta manera resultaría imposible evitar los abusos: imaginemos en nuestro país con déficit de camas hospitalarias y geriátricos con su número de lugares completos por ancianos próximos a morir, si la despenalización no podría tentar al responsable de dichas instituciones, (desvirtuando el sentido de la norma) a liberar dichas camas ocupadas utilizando métodos activos para acelerar las muertes.
Este ejemplo es expuesto
adrede con su máxima crudeza y componentes siniestros para generar el debate
social profundo dado que a cada sociedad le pertenece el tema y le corresponde
en defensa su autonomía (principio
ético) consensuar lo que es moralmente aceptable para
ella.
No es que los abusos se
vayan a producir inmediatamente, pero si irán aumentando con el paso del tiempo.
El problema es que aceptar por norma una práctica habitual, llevará a las
personas carentes de escrúpulos a aprender cómo abusar del
sistema.
Creo que las normas que
prohiben provocar la muerte de otro ser humano, también consolidan la confianza
entre el Equipo de Salud y el paciente, porque existe la posibilidad que si los
médicos se convierten en posibles agentes de eutanasia activa, la gente deje de
confiar en ellos.
Todo lo anteriormente
expresado constituye el marco de reflexión que considero útil para poder por lo
menos iniciar la discusión de lo que legalmente deba admitirse o no, descontando
que siempre el concepto médico es el de preservar la vida. Con la evolución del
mundo y su agregado en tecnología, también se agregaron problemas que la
sociedad no esperaba. El aumento del promedio de vida, pero en una situación
social muy alejada de la idealmente satisfactoria para la mayoría, genera
situaciones donde antes que debatir sobre eutanasia, debemos asegurarnos que las
redes de protección social estén adecuadamente desarrolladas habiendo provisto a
todos los agentes de salud de los insumos y equipamientos necesarios. Cuando
estemos seguros que a todos les está garantizado el acceso al mejor tratamiento
médico y que se pueda llegar a pensar en la eutanasia como la única salida por
agotamiento de todos los medios que aseguran una digna supervivencia del ser
humano sufriente, se podrá aceptar como ética la muerte digna ayudando a un buen
morir.
Dr. Jorge F. Yansenson
Médico
Sec. Gral de
Asociación Médica Argentina